Uruguay: Tabaré Vázquez, la prensa y la oposición

El Presidente Tabaré Vázquez ha dado a conocer, recientemente, su molestia con los medios de comunicación y con el espectro político de oposición.

Tal como lo hiciera en el mes de julio de 2006, cuando manifestara su fastidio contra El País, El Observador, Ultimas Noticias, el semanario Búsqueda, y las radios El Espectador, Sarandí y Montecarlo -intimando a los mencionados para que expresen públicamente si eran oposición o si acaso eran amanuenses del gobierno de turno. En las últimas semanas, el jefe de Estado atacó al matutino El País -sin nombrarlo-, expresando que dicho medio de prensa se ha convertido en un 'partido político de oposición'.


Con los partidos, el mandatario ha vuelto a hacer lo mismo que en marzo de 2015, oportunidad en la que amenazara a legisladores opositores con dejarlos fuera de los cargos que les pertenecían, si no votaban la venia del procesado Calloia.

La mayoría de los puntos de vista en la nación coinciden en que, en primera instancia, el presidente debería definir -dentro del Frente Amplio y dentro de su equipo de gobierno- quién acompaña a la Administración y quién no lo hace. A tal efecto, si Vásquez revisa los diarios de época, observará que los principales titulares 'opositores' han emergido de declaraciones de su propio equipo, y de sus propios partidarios.

No es necesario retroceder demasiado en el tiempo. En tal sentido, fueron célebres las declaraciones del ex presidente José Mujica versus la gestión del actual Ministro Astori. Lo propio sucede con los comentarios de los actuales candidatos a la presidencia del colegiado de partidos políticos Frente Amplio, que cuestionaron el apoyo a la estafa académica de Sendic; con los comentarios de integrantes del PIT-CNT que criticaron políticas laborales del gobierno (lo mismo hicieron con las políticas económicas). Se multiplican, pues, los ejemplos que ilustran el origen de las novedades que no caen en gracia a la presente Administración.

Por cierto, es menester dejar de lado el detalle de la presencia del Ministro Bonomi en el Gabinete; personaje que, a partir del efecto consabidamente anestésico de sus intervenciones, ha enmudecido al presidente en incontables oportunidades.

Siguiendo en este tren de pensamiento, sería oportuno citar la falta de información oficial, que empuja a la prensa a especular sobre cuestiones específicas, a saber, los obscuros acuerdos con la República Bolivariana de Venezuela (una poco disimulada estafa que llenó los bolsillos de unos pocos; no precisamente productores). Uno entiende que la Comisión de Asuntos Internacionales del parlamento de la República Oriental del Uruguay no debería consentir ni tolerar convenios de carácter secreto firmados por Montevideo.

Toda vez que el Señor Presidente Vásquez monte en cólera contra la prensa, debería tener a bien recordar que la democracia difiere del totalitarismo en un aspecto fundamental, esto es, el derecho al disenso. Tales derechos vienen a cobrar particular y remarcable relevancia, al ser diferentes al pensamiento oficial. En resumen: la base del sistema político uruguayo descansa, entre otros aspectos que hacen a la independencia de los poderes, en el debate libre encarado por personas libres; idealmente, es la propia ciudadanía la que deberá decidir qué conviene más a sus intereses.

De no seguirse las prerrogativas antes mencionadas, una suerte de 'ley mordaza' estaría, lentamente, cobrando protagonismo en la vida pública del país. Las primeras víctimas -esto está claro- pueden rastrearse en el espectro de oposición y en la prensa independiente.

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